Semaglutida, Tirzepatida, Retatrutida Y Liraglutida. ¿Qué son y en qué se diferencian?

Una vez entendido qué es el GLP-1 y por qué tiene tanta importancia en el control del apetito, llega el momento de conocer a los protagonistas de esta historia. Porque aunque muchas personas hablan de «Ozempic» como si fuera el nombre de una categoría completa de medicamentos, la realidad es que existen varios compuestos distintos y cada uno tiene sus propias características.

El primero que saltó a la fama fue la semaglutida. Probablemente sea el compuesto más conocido por el público general gracias a marcas como Ozempic o Wegovy. Su popularidad ha sido tan enorme que durante un tiempo prácticamente parecía que cualquier persona que perdiera peso estaba utilizando semaglutida. Además todo esto estuvo muy potenciado por influencer y actrices o actores de todo el mundo, que hablaron de las bondades de este compuesto para perder peso.

¿Cómo actúa la semaglutida?

La semaglutida actúa principalmente imitando la acción del GLP-1 natural. Como hemos visto en el capítulo anterior, esto se traduce en una mayor sensación de saciedad, una reducción del apetito y una menor ingesta calórica. Dicho de forma sencilla, ayuda a que una persona pueda comer menos sin sentir constantemente que está luchando contra sí misma.

Precisamente por eso marcó un antes y un después en el tratamiento de la obesidad. Por primera vez empezaron a observarse pérdidas de peso que iban mucho más allá de los resultados habituales obtenidos con muchas intervenciones tradicionales. De repente había personas perdiendo cantidades de grasa que hasta entonces parecían difíciles de alcanzar sin medidas mucho más agresivas.

Sin embargo, la ciencia rara vez se conforma con un avance cuando existe la posibilidad de conseguir uno aún mayor. Además, solía dar bastantes problemas y malestar digestivo, por lo que surgía la necesidad de buscar como solucionar eso. Y ahí es donde aparece la tirzepatida.

¿Cómo actúa la tirzepatida?

La tirzepatida, comercializada principalmente bajo el nombre de Mounjaro, comparte parte de los efectos de la semaglutida, pero incorpora una diferencia importante. Además de actuar sobre los receptores GLP-1, también actúa sobre otro sistema denominado GIP (péptido insulinotrópico dependiente de glucosa).

No vamos a convertir este libro en una clase de bioquímica porque acabaríamos necesitando café intravenoso para terminarlo, pero basta con entender que la tirzepatida estimula dos sistemas distintos relacionados con la regulación metabólica y el control del apetito.

En la práctica, esto ha permitido observar en numerosos estudios pérdidas de peso incluso superiores a las obtenidas con semaglutida en muchos pacientes, y manteniendo más masa magra. Por eso actualmente muchos especialistas consideran la tirzepatida como uno de los tratamientos farmacológicos más eficaces disponibles para el control del peso corporal. Pero cuando parecía que el techo ya estaba bastante alto, apareció la retatrutida.

¿Cómo actúa la retatrutida?

La retatrutida es probablemente el compuesto que más expectación está generando actualmente dentro de este grupo de medicamentos. Y la razón es sencilla. Mientras la semaglutida actúa sobre un receptor y la tirzepatida sobre dos, la retatrutida actúa sobre tres.

  • Por un lado mantiene la acción sobre GLP-1.
  • Por otro lado mantiene la acción sobre GIP.
  • Y, además incorpora actividad sobre los receptores de glucagón.

Este último detalle resulta especialmente interesante porque el glucagón participa en múltiples procesos relacionados con la movilización y utilización de energía. Precisamente por eso muchos investigadores creen que parte de la eficacia observada con la retatrutida podría deberse no solo a una reducción del apetito, sino también a un aumento del gasto energético.

Aunque todavía queda mucho por investigar, algunos usuarios describen sensaciones que no suelen ser tan frecuentes con otros compuestos. Mayor sensación de calor corporal, más activación durante el día e incluso ciertas dificultades para dormir en algunos casos.

Evidentemente esto no ocurre en todos los usuarios ni debe interpretarse como una norma universal, pero sí constituye una diferencia interesante respecto a otros análogos más tradicionales. Por último encontramos la liraglutida.

¿Cómo actúa la liraglutida?

La liraglutida fue una de las pioneras dentro de este campo y abrió gran parte del camino que después recorrerían semaglutida, tirzepatida y retatrutida. Durante años fue una herramienta muy utilizada tanto en el tratamiento de la diabetes tipo 2 como en el manejo de la obesidad. Sin embargo, actualmente ha perdido protagonismo frente a alternativas más modernas.

La principal razón es que suele ofrecer una eficacia inferior en términos de pérdida de peso y además requiere administraciones más frecuentes, tanto como todos los días. En un mundo donde la comodidad y la adherencia son fundamentales, tener que utilizar un tratamiento diario frente a otro semanal no es precisamente una ventaja.

Llegados a este punto muchas personas intentan responder una pregunta que, en realidad, está mal planteada. ¿Cuál es el mejor?

La pregunta, ¿cuál es mejor?

La respuesta es que depende. Depende del objetivo.

  • Depende de la tolerancia individual.
  • Depende del contexto clínico.
  • Depende de los efectos secundarios.
  • Y, depende de muchos otros factores que van mucho más allá del simple número de kilos perdidos.

La gente compara estos medicamentos exclusivamente por la cantidad de peso que permiten perder. Como si el único indicador importante fuera la báscula. Pero perder veinte kilos conservando la mayor parte de la masa muscular no es lo mismo que perder veinte kilos llevándote por delante músculo, fuerza, rendimiento y calidad de vida.

Y precisamente por eso en mi libro «ANÁLOSOS DEL GLP-1 Y COMPOSICION CORPORAL» no me centro únicamente en qué compuesto consigue una mayor reducción de peso. Lo verdaderamente importante es entender qué ocurre dentro del organismo durante ese proceso y cómo podemos intervenir mediante la alimentación y el entrenamiento para que la mayor parte de lo que desaparezca sea grasa corporal y no tejido que realmente nos interesa conservar.

Lo que estos fármacos hacen y lo que no hacen

Uno de los mayores problemas que han tenido los análogos del GLP-1 desde que comenzaron a popularizarse es que mucha gente les ha atribuido capacidades que simplemente no poseen. Es algo bastante habitual cada vez que aparece una herramienta nueva que funciona mejor que las anteriores. Durante un tiempo se habla de ella como si fuera la solución definitiva a todos los problemas, se generan expectativas desproporcionadas y, cuando la realidad no coincide con la fantasía, aparecen las decepciones.

Con la semaglutida, la tirzepatida o la retatrutida está ocurriendo exactamente eso. Hay personas que las consideran poco menos que un milagro farmacológico capaz de solucionar décadas de sobrepeso, malos hábitos y problemas de salud acumulados, mientras que otras las contemplan como si fueran una especie de trampa o un atajo que nunca debería existir. Como suele ocurrir en estos casos, la realidad se encuentra en algún punto intermedio y es bastante más interesante que cualquiera de esos dos extremos.

Lo primero que conviene entender es que estos medicamentos no adelgazan porque quemen grasa directamente.

Esta idea puede parecer sorprendente porque muchas personas creen que funcionan de forma parecida a un quemador de grasa extremadamente potente, como si al administrarlos el organismo comenzara automáticamente a consumir tejido adiposo independientemente de todo lo demás. Sin embargo, no es así.

La fisiología sigue funcionando exactamente igual que antes. El cuerpo continúa obedeciendo las mismas leyes energéticas que obedecía la semana anterior a empezar el tratamiento. Si una persona pierde peso utilizando uno de estos compuestos es porque termina consumiendo menos energía de la que gasta. La diferencia es que ahora le resulta mucho más fácil mantener ese déficit calórico porque el hambre, los antojos y la necesidad constante de comer disminuyen de forma significativa. Puede parecer un matiz pequeño, pero en realidad es la diferencia entre fracasar después de dos semanas de dieta o ser capaz de mantenerla durante varios meses.

Los análogos del GLP-1 no cambian las reglas del juego, pero sí consiguen que jugar la partida resulte mucho más sencillo para muchas personas. De repente las porciones parecen suficientes, la obsesión constante por la comida disminuye y seguir una planificación nutricional deja de sentirse como una lucha diaria contra el propio cerebro.

Sin embargo, una cosa es facilitar la pérdida de peso y otra muy distinta es mejorar automáticamente la composición corporal. De hecho, este es probablemente el error más frecuente que se está produciendo actualmente. Muchas personas observan que la báscula baja y asumen que todo lo que desaparece es grasa corporal, cuando la realidad es bastante más jodida.

El organismo puede perder grasa, pero también puede perder agua, glucógeno y masa muscular. Dos personas pueden adelgazar exactamente veinte kilos y obtener resultados completamente distintos dependiendo de qué tejido haya desaparecido durante el proceso. Una puede terminar con menos grasa y prácticamente la misma musculatura, mientras que otra puede perder una cantidad importante de músculo y encontrarse más débil, con peor rendimiento físico y con un aspecto menos atlético a pesar de haber reducido mucho su peso corporal. La báscula no distingue entre unas pérdidas y otras. Tu organismo sí lo hace.

El problema aparece meses después, cuando la ayuda farmacológica desaparece y cada persona se queda únicamente con los hábitos que ha construido durante el proceso. Porque si hay algo que estos medicamentos tampoco hacen es eliminar la posibilidad de recuperar peso en el futuro y este es probablemente uno de los aspectos menos comprendidos por el público general.

Cuando una persona adelgaza de forma importante, el cuerpo activa numerosos mecanismos destinados a recuperar parte de esas reservas energéticas. El hambre aumenta, la saciedad disminuye y el gasto energético tiende a reducirse.

Esto es muy sencillo, dejas de comer ya que no tiene hambre debido al uso de estos compuestos, cuando los dejes, por el motivo que sea (ya que su uso clínico obedece a periodos de descanso debido a la tolerancia acumulativa) volverás a ser el gordo de antes.

No es que hayas cambiado tu yo interior al usarlo, si no conseguiste introducir hábitos en el proceso, de nada servirá. Un gordo sin hambre deja de comer, pero cuando vuelva a tener hambre, volverá a comer. Por eso, lo verdaderamente eficaz, usarlos es como puente hacia los cambios necesarios en tu vida. Y es que dejar de comer, per se, no es algo bueno, solo es bueno dejar de comer en exceso, pero la línea que separa estos 2 conceptos no todo el mundo sabe dónde encontrarla.

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