El Gran Riesgo Oculto de usar Análogos del GLP-1: «Perder Músculo»

Si hubiera que elegir un problema que pasa desapercibido para la mayoría de las personas que utilizan Análogos del GLP-1, probablemente sería este, junto con la incomodidad de llegar a sentir malestar en las digestiones (a esto, te acabas acostumbrando, es decir, solo sucede al inicio del uso).

Curiosamente, es uno de los más importantes y al mismo tiempo uno de los que menos preocupa al usuario medio. La mayoría de la gente empieza un tratamiento pensando únicamente en perder kilos. Cuantos más kilos desaparezcan y más rápido ocurra, mejor. De hecho, hay personas que prácticamente celebran cada vez que la báscula cae en picado, como si estuvieran compitiendo por entrar en el Libro Guinness de la pérdida de peso acelerada.

 El problema es que el cuerpo no funciona como una cuenta bancaria donde puedes decidir exactamente de qué apartado quieres retirar dinero.

Cuando el peso baja demasiado rápido, el organismo no siempre distingue entre lo que te sobra y lo que te interesa conservar. Y aquí es donde entra el músculo, tan querido por algunos, pero tan ignorado y menospreciado por la población no deportista.

Muchos no valoran realmente sus músculos

La mayoría de personas no valoran realmente su masa muscular hasta que empiezan a perderla. Mientras está ahí, nadie le presta demasiada atención. Sin embargo, cuando desaparece empiezan a ocurrir cosas extrañas. Te notas más cansado. Levantas menos peso. Te cuesta más recuperarte. Tienes menos energía durante el día. El aspecto físico empieza a cambiar y, aunque la báscula siga bajando, cada vez te gusta menos lo que ves en el espejo.

Es una situación curiosa porque sobre el papel estás consiguiendo tu objetivo, pero visualmente empiezas a parecerte más a una versión desinflada de ti mismo que a la transformación espectacular que imaginabas cuando empezaste.

De hecho, si observas a muchas personas que han perdido grandes cantidades de peso sin prestar atención al entrenamiento o a la alimentación, verás algo bastante llamativo. Han adelgazado, sí, pero no necesariamente tienen mejor físico.

Algunas incluso parecen varios años mayores. La piel cuelga más, la postura empeora, la ropa deja de rellenarse igual y aparece ese aspecto que muchos intentan describir diciendo que la persona «se ha quedado consumida». Suena cruel, pero todos sabemos exactamente a qué imagen nos estamos refiriendo.

¿Por qué pasa esto con la pérdida de peso?

La razón es sencilla. El músculo actúa como la estructura que da forma al cuerpo. Imagínate una tienda de campaña. La lona sería la piel y la estructura metálica serían los músculos. Si quitas parte de esa estructura, la lona sigue estando ahí, pero el resultado ya no tiene la misma forma.

Algo parecido ocurre cuando una persona pierde mucho peso llevándose por delante cantidades importantes de masa muscular. Parecen cuerpos pellejudos y fláccidos.

Lo irónico es que muchas veces este problema aparece precisamente porque el medicamento funciona demasiado bien. Durante años una persona ha intentado seguir dietas y ha fracasado porque tenía hambre constantemente. De repente empieza a utilizar estos compuestos y descubre que puede pasar horas sin pensar en comida.

Al principio parece maravilloso. Desayuna menos. Come menos. Cena menos. Incluso hay días en los que prácticamente tiene que recordarse a sí misma que debería comer algo. Y claro, como vivimos en una sociedad donde todavía existe la absurda creencia de que cuanto menos comas, mejor, mucha gente interpreta esto como una señal para reducir todavía más la ingesta.

  • Si antes comía dos mil quinientas calorías, ahora come mil quinientas.
  • Si antes hacía tres comidas, ahora hace una o dos.
  • Si antes llegaba a una cantidad razonable de proteína, ahora apenas consume la mitad.

La báscula baja como una piedra lanzada desde un puente y la persona piensa que todo está saliendo perfecto, pero el organismo no es estúpido. Cuando detecta que la energía disponible cae de forma drástica durante un periodo prolongado, empieza a tomar decisiones.

El músculo, una de las primeras víctimas favoritas

El cuerpo comienza a ahorrar recursos donde puede. Y el músculo suele ser una de las víctimas favoritas. Lo curioso es que mucha gente sigue pensando que la pérdida muscular es un problema exclusivamente estético, algo que preocupa a culturistas obsesionados con verse grandes delante del espejo.

A los vigoréxicos, dicen… Nada más lejos de la realidad. El músculo es uno de los tejidos metabólicamente más valiosos del organismo.

  • Ayuda a gestionar la glucosa,
  • Mejora la sensibilidad a la insulina,
  • Protege la funcionalidad física con el paso de los años y,
  • Actúa como una especie de reserva fisiológica que puede marcar enormes diferencias en términos de salud.

Dicho de forma sencilla, tener más músculo suele ser una buena idea. Perderlo innecesariamente suele ser una mala idea.

¿Cómo evitar este problema?

Por suerte, evitar este problema es mucho más sencillo de lo que parece. No requiere suplementos milagrosos, ni protocolos secretos, ni rituales extraños heredados de algún gurú de internet que asegura haber descubierto un método revolucionario mientras graba vídeos desde un Lamborghini alquilado.

Las tres herramientas más importantes siguen siendo sorprendentemente aburridas:

  • Consumir suficiente proteína
  • Entrenar fuerza de manera regular y,
  • Evitar déficits energéticos absurdamente agresivos.

Lo sé. No suena tan emocionante como las promesas que suelen aparecer en redes sociales. Pero casi nunca lo que funciona de verdad coincide con lo que genera más clics. Además, la emoción ya te la pone el Análogo del GLP-1, que ya te digo yo que con eso solo ya notarás cosas suficientemente «divertidas», como pillarte una pizza de puta madre y comerte solo 1/3 de ella.

Y precisamente porque conservar músculo es tan importante, hablo del protocolo que debes seguir en mi libro «ANÁLOGOS DEL GLP-1 y COMPOSICIÓN CORPORAL«.

En sus apartados encontrarás las diferencias entre una pérdida de peso inteligente y una simple carrera por ver cuánto baja la báscula. Porque perder grasa suele ser relativamente fácil cuando el hambre desaparece. Lo difícil es llegar al final del proceso y seguir pareciéndote a una versión mejorada de ti mismo, en lugar de a alguien que ha sobrevivido a una temporada completa de un reality de supervivencia.

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