¿EDUCAR EN LA IGNORANCIA?: Incitar a Jóvenes uso de Química

Con Sergio Dufort estuvimos haciendo un podcast en «La Cabaña de Nabil Antxia» sobre este tema que me llena los cojones…

La opinión de Sergio:

  • Yo creo que no hay peor manera de educar que educar en la ignorancia. Que las cosas no se contaran, no quiere decir que no pasaran.
  • Porque no nos engañamos, siempre está el discurso de la red y los niños. Porque alguien habla de química, poco menos que está lanzando a los niños un barreño lleno de jeringas y de ampollas. Y yo no creo que sea así.
  • La gente ya cuando entra a redes y comienza a informar, el 90% ya tiene la decisión tomada.
  • Deben saber los pros y los contras. (Es decir, una chica que entra a redes convencida que va a usar química, no solo debe saber que se le va a poner el culo de Huelmes o las piernas de Huelmes, también la tiene que saber que te va a salir bello, que te va a crecer el clítoris, pero yo sí creo que hay que hablar.

Desde mi punto de vista:

¿Por qué tenemos que hacernos cargo nosotros de algo que si ya el gobierno o las instituciones lo tuvieran que hacer?. Y te pongo un ejemplo.

  • Se hacen charlas en los institutos de lo malo que son las drogas, de lo malo que es no usar condón, de lo malo que…
  • ¿Por qué nos hacen charlas de lo que son los anabolizantes? ¿Por qué no se legalizan y cada cual se mate si quiere o no?.

La línea difusa entre informar e incitar: una mirada crítica

En el mundo del culturismo moderno existe un debate cada vez más complejo: ¿hablar abiertamente sobre química deportiva es educación o promoción indirecta?. Nosotros en nuestro colectivo nos encontramos en el centro de esa discusión. Como he dicho, he construido durante años una imagen de preparador, técnico y sin filtros.

En múltiples entrevistas y plataformas he defendido la idea de que el culturismo profesional no puede analizarse desde la ingenuidad, afirmando incluso que gran parte del culturismo competitivo utiliza sustancias de mejora del rendimiento. Mi discurso es una reivindicación de la “realidad” frente a lo que yo considero hipocresía dentro del fitness comercial.

Sin embargo, el problema ético no reside únicamente en la información que se transmite, sino en cómo esa información impacta sobre jóvenes deportistas todavía inmaduros física y psicológicamente.

Informar no siempre es neutral

Desde una perspectiva estrictamente académica, explicar qué son los SARMs, los anabolizantes o los protocolos hormonales podría considerarse información técnica. De hecho, he desarrollado cursos y contenidos donde aborda fisiología, entrenamiento avanzado y también temas relacionados con “química”.

  • Ocultar la existencia de estas prácticas no las elimina.
  • Según esta visión, es preferible que un atleta conozca riesgos, efectos secundarios y consecuencias antes que acudir a foros clandestinos o vendedores irresponsables.

Pero el problema aparece cuando el contenido deja de ser puramente preventivo y empieza a normalizar el consumo. Como vemos, cuando una figura admirada por jóvenes obsesionados con progresar habla continuamente de química como parte habitual del entorno competitivo, el mensaje implícito puede convertirse en algo muy distinto a una advertencia.

La frase ya no se percibe como “esto existe y es peligroso”, sino como “esto es parte natural del camino si quieres llegar lejos”. Ahí es donde la pedagogía puede transformarse en legitimación cultural.

El efecto aspiracional sobre adolescentes y jóvenes

El culturismo moderno vive profundamente conectado con redes sociales, algoritmos y validación estética. Jóvenes de 16 o 18 años observan físicos extremos diariamente sin comprender genética, años de entrenamiento, riesgos cardiovasculares o secuelas endocrinas. En ese contexto, cualquier referente tiene una responsabilidad enorme.

En general, he sido reconocido históricamente por defender la paciencia, el entrenamiento duro y la disciplina. En entrevistas antiguas insistía en que los jóvenes no debían “ir más rápido de lo posible” y que el culturismo era un trabajo de años. Esa postura representaba una visión clásica del culturismo: progreso lento, constancia y madurez.

Sin embargo, las críticas recientes aparecen porque parte d mis contenidos sobre SARMs y sustancias dopantes fueron interpretados por asociaciones de consumidores como una banalización de estos compuestos. Aunque informar sobre química no equivale automáticamente a incitar al consumo, la frontera se vuelve extremadamente delgada cuando existen «personas» por así decirlo que no entienden nada de esto y quieren meterse a prejuzgar a los demás.

El culturismo y la cultura de la honestidad brutal

También sería simplista reducir el fenómeno a “buenos y malos”. Parte del éxito como profesional preparador proviene justamente de atacar la falsedad del fitness moderno, porque pertenezco a una generación que critica a influencers que venden cuerpos irreales fingiendo naturalidad. Desde esa óptica, algunos consideran que hablar abiertamente de química es más ético que ocultarla.

La contradicción aparece porque la transparencia absoluta tampoco elimina el riesgo de influencia social. Un joven impresionable no siempre interpreta el contexto completo. Muchas veces solo ve: el físico, la admiración, la autoridad y el resultado visible y NO analiza insuficiencia cardíaca, infertilidad, dependencia hormonal o daños hepáticos a largo plazo.

Por eso, incluso una explicación técnicamente correcta puede terminar funcionando psicológicamente como incentivo.

La responsabilidad del referente deportivo

La verdadera cuestión no es si debe existir información sobre química. Esa información ya existe y seguirá existiendo. La cuestión es qué enfoque ético debe adoptar quien comunica, por tanto como preparador opino que se debe:

  • Priorizar la salud antes que el rendimiento,
  • Evitar glorificar protocolos extremos,
  • Separar claramente educación de publicidad,
  • Contextualizar consecuencias reales,
  • Y. desincentivar activamente el uso temprano de sustancias.

Especialmente en adolescentes. porque un joven deportista todavía no posee la madurez suficiente para evaluar riesgos irreversibles frente a recompensas inmediatas.

Informar no es necesariamente incitar, pero en un entorno dominado por redes sociales, idolatría física y presión estética, la diferencia entre ambas cosas puede ser peligrosamente pequeña.

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