Dietas proinflamatorias: «lo bueno y lo malo»

El fenómeno de la hipertrofia muscular es, en esencia, un proceso inflamatorio que surge como respuesta a daños microscópicos en las fibras musculares, consecuencia de un entrenamiento de resistencia o fuerza.

La relación intrínseca entre la inflamación, la recuperación muscular y el posterior crecimiento es bien conocida por la ciencia del deporte, pero aún se encuentra en constante exploración e interpretación.

La dieta, en este contexto, no solo actúa como un facilitador para la provisión de energía y la recuperación muscular, sino que también puede ser una herramienta que, si se utiliza adecuadamente, modula los procesos inflamatorios en el cuerpo.

Dieta Proinflamatoria: Un Enfoque Cauteloso

Cuando se conceptualiza una dieta pro-inflamatoria en el contexto del entrenamiento para hipertrofia, es crucial enfatizar la necesidad de un enfoque meticuloso y ajustado a las particularidades del individuo.

La inflamación, mientras que es una respuesta necesaria y beneficiosa hasta cierto punto, también puede transformarse en un arma de doble filo si se ve exagerada o prolongada en el tiempo, dando paso a una inflamación crónica que puede ser perjudicial para la salud general y la función muscular. Es por este motivo, que desarrollar dietas proinflamatorias, de hipertrofia, con dietas antiinflamatorias, se hace crucial para un buen equilibrio ganancias y salud.

Si se hace ajustándolas a la periodización del entrenamiento de hipertrofia, daría como resultados una optimización de crecimientos muscular, y minimizando sus posibles efectos secundarios.

Una dieta proinflamatoria debería relacionarse con una dieta hipercalórica, reservada a los periodos de crecimiento, mientras que una dieta antiinflamatoria sería más eficiente para dejarla relegada a una dieta de quema de grasas, así se alinean objetivos y puesta en práctica de una mejor forma.

Si esto lo aterrizamos al contexto de una planificación, seria lógico intercalar periodos de hipertrofia, con dietas inflamatorias, superávit calórico y mayor carga de trabajo, seguido de épocas contrarias, con una menor carga de trabajo, dietas antiinflamatorias, y déficit calórico acentuando la quema de grasas.

Esta alternancia además de beneficios para la salud, y ser más práctica, nos llevaría a no acumular grandes cantidades de grasa y a no olvidar el bien más preciado, la salud. Y, es que todo plan debería estar enfocado a un mayor rendimiento equilibrado con una gran salud, ya que deporte se asocia a salud, pero alto rendimiento no es salud.