La alimentación, más allá de la mera nutrición

La alimentación, ese acto tan cotidiano y fundamental, trasciende más allá de un mero proceso de ingestión de alimentos.  Envuelve complejidades que se entrelazan con nuestro bienestar psicológico, emocional y físico, modelando así, no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente y nuestras emociones, y por eso, desde un punto de vista más amplio, influyendo notoriamente en la persona que somos y en las cosas que conseguimos.

En este apartado hablaré de algunas cosas interesantes:

  • a) Conceptos básicos
  • b) Dieta óptima, hábito triunfador
  • c) Consecuencias de no cuidar tu alimentación
  • d) Uso de la comida como recompensa

a) Conceptos básicos

La carencia de una dieta controlada y el sometimiento a un régimen alimenticio impulsado por el deseo instantáneo y apetencias temporales, puede conducir a un físico desnutrido, sin energía, mermado en cuanto a sus posibilidades de rendimientos en todos los aspectos, e incluso puede llevar a problemas de salud, hoy día es curioso que los mayores problemas de salud no vienen por la desnutrición, sino por todo lo contrario, la sobrealimentación, y es que se usan los alimentos muy a menudo como una forma de subir la dopamina, de conseguir placer momentáneo, olvidando las consecuencia de esos actos en un futuro, pero amigos, nuestro cuerpo es nuestra carcasa, tened por seguro que lo que hagas hoy, le influirá mañana, que sea de forma positiva o negativa es la diferencia entre las decisiones que toméis hoy.

Desde la perspectiva psicológica, la alimentación desregulada se convierte en un espejo que refleja nuestra relación con nosotros mismos y con nuestra salud mental. Cuando el acto de comer se desvincula de la necesidad fisiológica y se adentra en el terreno del consuelo emocional o la evasión, se cristaliza una relación perjudicial con la comida. El individuo puede encontrarse navegando en un océano donde la comida se convierte en ancla de sus emociones, un mecanismo de defensa para lidiar con el estrés, la ansiedad o la tristeza. Además, la percepción de la propia imagen, sustentada muchas veces en cánones estéticos socialmente establecidos, puede desencadenar conflicto

Por otro lado, la nutrición y la salud mental mantienen una reciprocidad constante, donde la ausencia de nutrientes esenciales, provenientes de una dieta equilibrada, mina la capacidad cognitiva, afectando la concentración, la memoria y el rendimiento mental. En este escenario, la mente, privada de los nutrientes necesarios, se enfrenta a barreras que dificultan el desempeño.

En cuanto al plano emocional, los tentáculos de una alimentación desorganizada se extienden, afectando profundamente el paisaje anímico del individuo. La comida se convierte en una falsa aliada, prometiendo paz temporal ante la tormenta de emociones conflictivas.

Este acto de comer impulsivamente para mitigar emociones, si bien proporciona un alivio momentáneo, posteriormente desencadena en sentimientos de culpa y decepción, cimentando un pernicioso ciclo de comer emocional. Este bucle de auto-reproche y dependencia alimentaria se infiltra en las relaciones sociales, donde las fluctuaciones emocionales y la focalización en la comida y el cuerpo generan distanciamientos y tensiones en el tejido de las interacciones humanas. En este escenario, se hace imperioso ponerle solución a esta problemática, pues cuanto mas tiempo sea mantenida en el tiempo, mas posible es entrar en ese bucle cerrado de insatisfacción permanente, y convertirlo en un habito de moledor, apareciendo así los trastornos alimentarios.

El ámbito físico, por supuesto, no queda exento de las repercusiones de una alimentación no controlada. La salud general se ve menoscabada ante la presencia excesiva de alimentos procesados, ricos en grasas saturadas, azúcares y sal.

  • El riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, tales como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y obesidad, se eleva.
  • Los niveles de energía experimentan oscilaciones que transitan desde picos de hiperactividad hasta valles de fatiga y letargo, en función de las subidas y bajadas de azúcar en sangre.
  • Además, el sistema digestivo, sometido a una constante prueba de resistencia, puede manifestar su disconformidad a través de síntomas como hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea.
  • Incluso el sueño, ese refugio reparador, se ve perturbado. La calidad del descanso nocturno puede estar intrínsecamente vinculada a nuestros hábitos alimenticios.

El contexto aquí desplegado revela las múltiples caras de una alimentación no regulada, delineando así un panorama que refleja cuán intrínseca es la relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos, tanto física como emocionalmente.

El gran problema es que no pasa nada por no seguir una buena dieta un día, una semana, un mes… pero estos actos cotidianos se convierten en hábitos, que hacemos de manera incluso inconsciente, y perduran por largos periodos de tiempo, y eso ya si es un problema. Normalizar conductas perjudiciales para nosotros, quien no se ha acostumbrado a su café con azúcar después de comer, su onza de chocolate antes de dormir, sus comidas exageradas cuando comes fuera de casa, su cerveza en la comida y cena, y un largo etc. de hábitos que se adquieren y no alejan poco a poco de una vida saludable y el bienestar que proporciona un físico estable, sano y por qué no, estético.

No hay que olvidar que nuestra primera carta de presentación es nuestro físico, a nivel laboral ya casi es mas importante tu imagen que tus conocimientos, en las relaciones interpersonales y personales el físico ya es lo más importante, pues todo está condicionado por una primera imagen, hasta el punto de ser el físico ya un estatus social, con todos los beneficios que da cuidarse, ¿qué motivo habría para no hacerlo?.