Cómo evolucioné siendo un joven

Dentro del culturismo como en cualquier deporte, la precocidad puede ser una gran ventaja o incluso un problema, si uno no sabe gestionar bien el éxito.

Con tan sólo 21 años, me adjudiqué el título de Mr Universo Júnior de la NABBA, entrando así por méritos propios dentro del escenario internacional y obviamente posicionar mi nombre en la península.

Que yo recuerde había muy pocos atletas españoles que inscribieran su nombre a tan temprana edad en el culturismo internacional, además de empezar a dominar las competiciones nacionales júnior

Con el duro trabajo hecho, a pesar de mi juventud pensaba que lo tenía todo, una estructura privilegiada sin fallos y un tamaño muscular más que destacable; o por lo menos eso decían en los reportajes de la época.

De los Tatamis a las Pesas

Como siempre hablé, empecé a moverme entre hierros con 15 años como complemento del taekwondo, disciplina marcial de la que entonces era un acérrimo practicante. Sin embargo, no tardé en darme cuenta que las pesas me atraían cada vez más, y poco a poco me lo fui tomando más en serio, hasta abandonar paulatinamente las artes marciales para dedicarme por completo al mundo de las pesas.

En realidad me adentré en el mundo de las pesas sin tener demasiado claro aún si lo que me gustaba era el culturismo propiamente o los deportes de fuerza, porque entonces lo mío era mover grandes pesos.

Pero en vistas de la progresión muscular, después de tres años que me decanté definitivamente por el culturismo con el objetivo de llegar algún día a competir, cosa que al final cumplí.

A pesar de que originalmente mi idea era mover muchos kilos, lo cierto es que con el aumento en la alimentación las ganancias de peso no tardaron en llegar, algo que me estimulaba a seguir entrenando y preguntarme hasta dónde podría llegar.

Sin embargo, con 16 años y a pesar de que me sentía contento por las ganancias de peso y fuerza conseguidas, no estaba del todo satisfecho porque me veía gordo, algo que no me satisfacía, sino todo lo contrario.

Entonces mi mente comenzó a buscar salidas, deseaba sentirme grande, fuerte, poderoso, pero no gordo, así que eso hizo que caiga de lleno en la cultura y principios más elementales del culturismo.

A partir de entonces mi objetivo cambió.

  • En ese entonces buscaría el tamaño muscular con un porcentaje de grasa relativamente bajo.

Puede que sin ni siquiera saberlo entonces se había convertido esencialmente en un culturista.

Mi evolución en el culturismo

Movido por un entusiasmo desmesurado, atravesé una fase inicial en la que me sobreentrenaba ya que efectuaba muchísimas series, y todas más allá del fallo muscular, pero como entonces sólo hacía tres entrenamientos semanales, eso me permitía de alguna forma recuperarme de manera razonable.

Cada sesión podía durar de tres a cuatro horas y eso sin ejercicio aeróbico.

Hacía una especie de entrenamiento de gran volumen, además de intentar  aplicar el Heavy Duty, algo muy agotador… a todas luces excesivo…

Después mi entrenamiento para culturismo ha cambiado drásticamente porque en “temporada off” era muy simple y básico. Estaba convencido que la mayoría de culturistas se sobreentrenaban, como fue mi caso, porque yo cuanto más he reducido el volumen de entrenamiento mejores resultados he obtenido.

Durante la fase de volumen empezaba o seguía entrenando tres veces a la semana, efectuando tres ejercicios para los grupos musculares grandes, dos para los pequeños, y uno para los muy pequeños como el antebrazo.

Cada ejercicio lo realizaba en esta evolución personal en forma de pirámide ascendente hasta alcanzar la serie efectiva que suele ser la cuarta o la quinta, según el ejercicio, que es en la que voy hasta el fallo alcanzándolo entre la sexta y octava repeticiones.

Luego remataba con una última serie con menos peso y más repeticiones, unas quince o veinte, para acabar así con una máxima congestión. En ese periodo el trabajo estaba centrado en torno a ejercicios básicos como el press de banca, el press superior, el press militar, los remos de todo tipo, el peso muerto, las sentadillas, etcétera.

En aquella época con 1,74 mts de altura, 124 kg en volumen y 95 kg en competición me sentía más que motivado con cada objetivo que iba logrando. La música que elegía era el rock para entrenar y lenta para relajarme, usaba/uso ropa cómoda y deportiva, ancha y suelta… y me seguía gustando las pastas como hoy (en temporada off) mientras seguía lo relacionado al conocimiento, en la facultad, estudiando las ciencias que me gusta, la de la actividad física y el deporte.

La preparación para competir

Por otro lado, cuando me preparaba para competir dentro del culturismo, pasaba a entrenar cinco días a la semana, añadiendo bastante ejercicio cardiovascular y para cada grupo muscular dedicaba un primer ejercicio pesado y el resto están centrados más en la congestión, con más repeticiones y haciendo superseries, series descendentes y en definitiva reduciendo los tiempos de descanso.

Además, a cada grupo muscular le daba mayor número de ejercicios. Los abdominales que en “temporada off” los hacía de forma esporádica, ahora recibían unas 20 series diariamente y debido a la gran cantidad de trabajo, pasaba a hacer rutina dividida de mañana y tarde.

¿ Me cuentas tu historia ?